Eritema Abignes de piel y de alma

 

3649742000_52e53dbe68 Resulta que el otro día me asusté, vi que mi pierna izquierda tenía como un racimo de venas rojas. La mitad de la pierna, y entre la rodilla y el tobillo. Eran por tercer día consecutivo, y me urgí.

Hablé con la V. y me dijo que parecía de derma, hablé con la Sol, y me dijo que eso de venas era otra especialidad, vascular periférico me contó. Yo ni sabía de la existencia de esa área médica.

La cosa, es que si bien debo N en Colmena, aún puedo sacar bonos, y con el dolor de mi bolsillo pero superada por mi angustia, pues tome hora con un dr. de esos vasculares. “Y que es raro, pero no es de venas grandes. No sé lo que es, pero parece una dermatitis”. Dijo  y me mandó a una dermatóloga. Y fui, el diagnóstico fue Eritema Abignes.

Es una dilatación de los vasos sanguíneos producto de la radiación de calor, onda estufa o guatero. Y claro, como soy la reina de las friolentas… Todo el rato estoy cerca de esas cosas.

Lo raro era que he sido adicta a la estufa desde siempre, dado el frío que me aqueja en invierno (tengo alma tropical yo). Y nunca me había pasado esto de que se me enrojeciera nada…

El tema  es raro, pero no es grave, es feo, y se tarda en desaparecer  (8 meses promedio dijo la dra.) y puede ser permanente. Pero, como llevaba sólo tres días, ella tiene esperanzas que se quite.

La gente con mala circulación como yo es propensa a eso. Hay algunas cosas que debo echarme y tomar, la receta completa, me sale 100 lucas, Uff (pero es para las piernas, pues ya está apareciendo en la otra, los pies que tengo otras cosas, y la cara. Todo por la mala circulación).  Con descuento colmenístico, sale 90. Carín. Menos mal que ahora tengo varios clientes… Ediciones pagará la farmacia, supongo. Ja.

Por otra parte, ayer llegué a la Univ, y mi amiga está sentada en el banco esperando que abran la sala. Está mal y me cuenta su día negro. Una de las cosas que le pasó, es que su tío diabético fue a un podólogo, le hicieron un mal tratamiento y mal… Anoche le tuvieron que amputar su pie. Desde el podólogo a la amputación, pasó sólo una semana…

Salí de la U, y llamé a mi amigo y comida en Normandie. Atravieso providencia, y me encuentro con T, un amigo que no veía hace muuucho. Nos reímos y hablamos en francés, de viajes y negocios frustrados, en la mitad de la calle y como siempre quedamos de juntarnos. Y me cuenta que el padre de un ex mío, murió de cáncer terminal hace un mes. Recordé el cigarro que no dejaba… Y anoté en mi mente, “llamarlo”.

Seguí al encuentro con el trío dinámico. Todos teníamos noticias fuertes esa noche. Era bueno compartirlas con cebiche y postres deliciosos  y lo pasamos súper, como siempre. Y ya de salida, caminando a tomar un taxi, luego de un día complejo por muchas cosas, a título de nada, resulta que dice algo trivial casi, y yo respondo también sin ni medio ánimo de polemizar, pero lo digo indebidamente.

Y entonces siento un florecimiento rojo en las venas del alma de todos.  Mal.

A veces las palabras se transforman en radiaciones calientes que queman las capas del alma, y molesta y duele, aunque no sea grave, queda. Y puede ser permanente.

Me ha pasado muchas veces, pero no siempre me he dado cuenta a tiempo. Anoche me percaté al rato, y procuré echar una de las cremas, que espiritualmente son raras, pero si las ves, las puedes encontrar al tiro en el corazón y son gratis. Como ayer.

Pero otras veces el tratamiento ha sido equivocado o inexistente, y ha generado amputaciones de confianzas y afectos. Situaciones que además, he conocido mucho después, sin querer, cuando ya es muy tarde. Tarde para reparar, pero no tarde para evitar la reiteración.

Eso me pasó hoy, en conversaciones con mi hermana y con mi amigo. Y he visto que he generado en la vida cosas poco gratas en gente que quiero, evitables absolutamente. Cosas como el eritema abignes, quizá no muy graves, pero feas, y quizás permanentes.

Cuando mis queridos me han mostrado eso, he pedido disculpas, que ya casi no sirven. Pero he agradecido mucho que me las cuenten. Y eso ha ocurrido por mantener conversaciones, de esas donde caben las confesiones. Creo que ahí está la clave, ya que si apelas a la humildad, te permite ver, y ya no para resarcir, pero sí para prevenir.

Pues, he visto muy patente estos días algo que sabía, pero que había ocultado: que el cáncer no sólo es corporal, es emocional también.

(Se puede provocar cáncer en las relaciones humanas. Y las matas. La internet es una agente delicada al respecto (puede ser benigna… o maligna…). Igual que las radiaciones, te pueden quitar el frío o generar eritema abignes, todo depende de como la uses).

El cáncer se produce muchas veces porque no paras a tiempo… No paras cuando te dicen que pares de fumar, o de hacer aquello que haces (ser indiferente, ser poco empático, etc.). No paras cuando el otro te dice, no paras cuando tu vocecita interna te dice.

Yo me equivoco mucho, la asertividad me es esquiva, pero no soy sorda, y no me haré la lesa con las voces del cosmos. Las de afuera y las de adentro. No quiero provocar cáncer evitable ni en el cuerpo ni en el alma. Ni que me amputen cosas preciadas por mal tratamiento. Y tampoco quiero que me salgan más eritemas por conductas inoportunas. Porque son feas, y a mí me gusta la belleza.

Por ahora, supongo que como todo, hay que dejar que los ungüentos hagan su pega con el tiempo. Para la piel y el alma. También hay que saber evitar los agentes inductores tipo estufa y  guatero espirituales (que podrían ser termas delicados, momentos, maneras). Y obvio, estar despierto y llamar a la humildad para parar, cuando haya que hacerlo. Ah, también ayuda la lluvia, que suele limpiar el aire… Es lo único que me gusta del invierno.

Foto: “Esa noche llovía”, del Flickr de Flavio Camus. Sentí que esta foto se vinculaba con lo que decía. Que lo pequeño puede ser grande, que lo trivial puede ser brillante u oscuro, dependiendo del enfoque. Y pasajero o permanente, según si se registra en el alma como una foto, o no.

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